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    <title>QZNoticias</title>
    <subtitle>Contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Mar del Plata. Noticias, deportes, espectáculos, política, economía, cultura y más.</subtitle>
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            El estress también se come
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/FrP4aSU_VsjhsQgY7HmHkSXkP3E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/07/estress_y_alimentacion_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Lic. Anabella Gemin MP 6244<p>&nbsp;</p><p>Vivimos a un ritmo cada vez más acelerado. El trabajo, las obligaciones, los problemas económicos y la falta de descanso pueden generar un nivel de estrés que no siempre sabemos reconocer. Aunque muchas veces lo asociamos solamente con el cansancio o el mal humor, también puede modificar nuestra manera de alimentarnos.</p><p>En momentos de tensión, algunas personas pierden el apetito. Otras, en cambio, sienten más ganas de consumir alimentos dulces, grasos o muy calóricos. Esto no ocurre únicamente por falta de voluntad. Cuando estamos estresados, el cuerpo libera hormonas que pueden aumentar el hambre y favorecer la búsqueda de comidas que brindan una sensación rápida de placer o alivio.</p><p>A esto se suma una situación muy frecuente: comer rápido, distraídos y sin registrar las señales de saciedad. Muchas veces almorzamos frente a una pantalla, picamos mientras trabajamos o cenamos tarde, después de un día agotador. De esa forma, resulta más difícil reconocer cuándo tenemos hambre de verdad y cuándo estamos comiendo por ansiedad, cansancio o aburrimiento.</p><p>El descanso también cumple un papel importante. Dormir pocas horas puede aumentar el apetito y llevarnos a elegir alimentos que aportan energía inmediata. Si esta situación se repite durante mucho tiempo, puede favorecer el aumento de peso, los problemas digestivos y una relación poco saludable con la comida.</p><p>La solución no pasa por seguir una dieta estricta ni por intentar comer de manera perfecta. Algunas acciones sencillas pueden ayudar: mantener horarios relativamente ordenados, evitar pasar demasiadas horas sin comer y tener opciones prácticas disponibles, como frutas, yogur, frutos secos o un sándwich casero.</p><p>También es recomendable sentarse a comer con calma, reducir las distracciones y prestar atención al sabor, la cantidad y la sensación de saciedad. La actividad física, el buen descanso y los momentos de desconexión forman parte del mismo cuidado.</p><p>No se trata de controlar cada bocado, sino de aprender a escuchar al cuerpo. Cuando el estrés se vuelve permanente o afecta demasiado nuestra forma de alimentarnos, buscar ayuda profesional puede marcar una gran diferencia. Cuidar la salud emocional también es una manera de cuidar nuestra nutrición.</p><p>&nbsp;</p>IG : lic.anabellagemin<p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/FrP4aSU_VsjhsQgY7HmHkSXkP3E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/07/estress_y_alimentacion_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Cómo influye en nuestra alimentación y qué podemos hacer para cuidarnos.]]>
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                                <category term="nutricion" label="Nutrición" />
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            Mundial y alimentación: cómo disfrutar sin caer en los excesos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yPGuCPMK4UdVqf1I6C7zOxYTjgo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nutricion_mundial_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Lic. Anabella Gemin MP 6244<p>El Mundial es fiesta, encuentro y pasión compartida. Pero también trae picadas que se estiran, asados a deshora y bebidas que se acumulan partido tras partido. La buena noticia: disfrutar no significa resignar el bienestar.</p><p>La clave no es prohibir, sino organizar. Si sabés que hay partido a la tarde, sumá proteínas y vegetales en tu comida principal para no llegar con hambre voraz a la picada.</p><p>Date el gusto de a uno, sin culpa, y disfrutalo de verdad: masticando despacio, prestando atención, sin comer mientras gritás un gol.</p><p>El agua es tu mejor compañera de cancha. Alterná cada bebida alcohólica o azucarada con un vaso de agua: hidrata y ayuda a frenar el exceso.</p><p>No existen alimentos prohibidos, existen frecuencias. Una noche de Mundial no define tu composición corporal; lo que se repite todos los días, sí.</p><p>Armá la mesa con variedad: hummus, brochettes, frutos secos, quesos magros. Se puede disfrutar con amigos y cuidar el cuerpo al mismo tiempo.</p><p>Y si te corriste del plan, no pasa nada: al otro día volvés a tus hábitos, sin restricción ni extremos.</p><p>El Mundial dura semanas; tu salud te acompaña toda la vida. Disfrutá cada partido sabiendo que el equilibrio también se festeja.</p>&nbsp;IG : lic.anabellagemin<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yPGuCPMK4UdVqf1I6C7zOxYTjgo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nutricion_mundial_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por la Lic.Anabella Gemin — Nutricionista deportiva (ISAK I) — M.P. 6244 — @lic.anabellagemin]]>
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                <published>2026-06-20T23:32:07+00:00</published>
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            Azúcar: cuánto estás consumiendo sin saberlo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7nHvyp-6WG7TxFbj2Kn2HBlHFqE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nutricion_azucar_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Lic. Anabella Gemin MP 6244<p>Pensemos en un día bastante normal. A la mañana, un yogur con frutas y un jugo. Al mediodía, algo con salsa de tomate envasada. A la tarde, una barrita de cereal. Sin tortas, sin galletitas, sin golosinas. Razonablemente sano, ¿no?No necesariamente. El yogur con frutas puede tener entre 15 y 29 gramos de azúcar por porción. El jugo de caja, aunque diga "natural", entre 20 y 25 gramos. La salsa de tomate envasada suma aproximadamente una cucharada de azúcar cada dos cucharadas de salsa. La barrita de cereal, entre 10 y 16 gramos más. Sin darte cuenta, podés haber alcanzado el límite diario recomendado antes de las cinco de la tarde.La Organización Mundial de la Salud recomienda que el azúcar libre no supere el 10% de las calorías diarias, lo que equivale a unos 50 gramos para una persona adulta. Para beneﬁcios más concretos en la salud, la recomendación ideal baja a 25 gramos, unas seis cucharaditas. La mayoría de la gente supera ese umbral sin comerle el azúcar directamente a nada.</p><p>Y es que el azúcar no siempre aparece con ese nombre en la lista de ingredientes. Jarabe de glucosa, fructosa, sacarosa, dextrosa, maltodextrina, concentrado de jugo de fruta: son nombres distintos para lo mismo. La industria los usa de forma intercambiada, y el cuerpo los procesa de manera muy similar en todos los casos.¿Cómo detectarlo? En la tabla nutricional buscá la línea que dice "hidratos de carbono, de los cuales azúcares". Ese número te dice cuánto azúcar tiene el producto por porción. Como referencia, más de 10 gramos de azúcar por cada 100 gramos de producto ya es una señal para prestar atención.No hace falta obsesionarse. Pero saber que el azúcar está donde menos lo esperás —en el yogur, en la salsa, en la barrita "saludable"— ya cambia la forma de hacer las compras.</p>IG : lic.anabellagemin<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7nHvyp-6WG7TxFbj2Kn2HBlHFqE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/06/nutricion_azucar_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Lic. Anabella Gemin – MP 6244 Columna semanal de nutrición para QZNoticias]]>
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            Nutrición: &quot;Eso no lo puedo comer&quot;: el problema de demonizar alimentos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SND0kI-WQ5uV-7GPXOrlTlVdFxs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alimentos_prohibidos.png" class="type:primaryImage" /></figure>Lic. Anabella Gemin MP 6244<p>"Eso no lo puedo comer." Lo escucho seguido en el consultorio. Y siempre me genera la misma pregunta interna: ¿no podés, o decidiste no comer tanto?No es lo mismo. Y la distinción importa más de lo que parece.Desde los años 70, la psicología alimentaria viene estudiando qué pasa cuando una personaclasifica ciertos alimentos como prohibidos. Herman y Polivy describieron algo que llamaron contrarregulación, y que en la práctica se ve así: la persona que tiene un alimento en lista negra,cuando finalmente lo come —aunque sea poco—, tiende a perder el registro y seguir comiendo sin límite.&nbsp;</p><p>El razonamiento inconsciente es conocido: "ya lo arruiné, total sigo". La restricción mental no frenó el consumo. Lo disparó.Una revisión publicada en el Journal of the American Dietetic Association fue más allá: mostróque la restricción alimentaria autoimpuesta se asocia no solo con episodios de sobreingesta, sinotambién con preocupación constante por la comida y mayor reactividad emocional. Dicho de otromodo, el alimento que decidiste no comer empieza a ocupar más espacio en tu cabeza que sisimplemente lo comieras con moderación.Vale aclarar algo, porque el tema da para malentendidos: esto no es un argumento para comercualquier cosa sin criterio. Es una observación sobre la carga mental que le ponemos a ciertosalimentos, y cómo esa carga puede volverse en contra.Una pizza no arruina ninguna alimentación. Un alfajor tampoco. Lo que sí complica las cosas es laculpa que viene después, la sensación de haber fallado, el "ya que lo comí, como de todo". Ahí escuando un momento de disfrute se convierte en un ciclo difícil de romper.Lo que la evidencia sugiere, y lo que en el consultorio se ve una y otra vez, es que una relaciónmás tranquila con la comida —sin categorías de prohibido ni de pecado— termina siendo mássostenible que cualquier lista de alimentos vedados.</p>IG : lic.anabellagemin&nbsp;]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SND0kI-WQ5uV-7GPXOrlTlVdFxs=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alimentos_prohibidos.png" class="type:primaryImage" /></figure>Por Lic. Anabella Gemin – MP 6244 Columna semanal de nutrición para QZ Noticias]]>
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                                <category term="nutricion" label="Nutrición" />
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            Nutrición: Desayunar o no desayunar: ¿realmente es la comida más importante del día?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/An0TFdH9_vC4WVRyEu8JQUZEhbA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/05/desayuno_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Lic. Anabella Gemin MP 6244<p>“El desayuno es la comida más importante del día.” Lo escuchamos desde chicos, lo repiten médicos, abuelas, profesoras y publicidades. Tan instalado está que casi nadie se pregunta de dónde salió. La respuesta es incómoda: salió de la publicidad. Concretamente, de la industria cerealera de Estados Unidos a principios del siglo XX. Kellogg’s hizo de esa frase su bandera comercial, y con el tiempo lo que era un eslogan terminó disfrazado de consejonutricional.</p><p>Pero la ciencia, cuando se la deja hablar, dice otra cosa. En 2019, la Universidad de Monash en Australia publicó en el British Medical Journal una revisión de 13 ensayos clínicos sobreel efecto del desayuno en el peso y la ingesta calórica. Los resultados sorprendieron incluso a quienes lo investigaron: no hay diferencia metabólica significativa entre quienesdesayunan y quienes no. Y los que se saltan el desayuno tampoco terminan comiendo de más durante el día, como tantas veces se afirmó.</p><p>¿Significa que desayunar está mal? Para nada. Si te levantás con hambre, desayunar es una buena costumbre. Pero hacelo con comida real: fruta entera, huevos, queso, frutos secos, pan integral de verdad, yogur sin azúcar. Lo que tenés que evitar es el desayuno tipo “publicidad de los 90”: cereales coloridos, galletitas dulces, jugo de caja. Eso, nutricionalmente hablando, suma poco y resta bastante.</p><p>Y si te levantás sin hambre, no te obligues. Forzar el cuerpo a comer cuando no lo pide no tiene lógica fisiológica. Un café, un té, agua, y esperar a tener apetito real es una decisiónválida. Que después, eso sí, también se pueda resolver con buenos alimentos.</p><p>La frase original no era una verdad universal. Era una campaña de marketing que se nos coló en el inconsciente colectivo durante un siglo. Está bueno saberlo.</p><p>&nbsp;</p>IG : lic.anabellagemin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/An0TFdH9_vC4WVRyEu8JQUZEhbA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/05/desayuno_2.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Lic. Anabella Gemin – MP 6244 Columna semanal de nutrición para QZ Noticias]]>
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            Nutrición: Suplementos ¿inversión o gasto innecesario?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eb-I0RVF-TcHPI4kkQiklqagAbA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/05/suplementos_alimentarios.png" class="type:primaryImage" /></figure>Lic. Anabella Gemin MP 6244<p>La pregunta me la hacen seguido. "¿Tengo que tomar algo?" Y cuando pregunto qué están tomando, la respuesta suele ser: vitamina D, magnesio, omega 3, colágeno. Todo junto. Sin análisis de por medio. Porque lo vieron en Instagram.No digo que esos suplementos sean un fraude. Digo que sin contexto, cualquier pastilla es un gasto.La vitamina D sí tiene respaldo cientíﬁco sólido. Buena parte de la población tiene niveles insuﬁcientes, sobre todo quienes pasan poco tiempo al sol. Su déﬁcit se asocia a problemas óseos, inmunitarios y hasta en el estado de ánimo. Pero la clave está en medirla antes de suplementar: un análisis de sangre dice más que cualquier recomendación genérica.</p><p>El omega 3 también tiene evidencia seria detrás. Los ácidos grasos EPA y DHA, presentes principalmente en pescado graso, intervienen en la inﬂamación y la salud cardiovascular. Si el pescado brilla por su ausencia en tu dieta, sumar omega 3 puede tener sentido. Si ya comés sardinas, caballa o salmón varias veces por semana, quizás no necesitás nada.El magnesio participa en más de 300 reacciones metabólicas: función muscular, nerviosa, producción de energía. Se encuentra en semillas, frutos secos y legumbres, pero el agotamiento de los suelos redujo los niveles en muchos alimentos. Los síntomas de déﬁcit incluyen calambres, fatiga y sueño irregular. Vale la pena evaluar con un profesional antes de comprarlo.El colágeno es el más debatido. Existen estudios con resultados positivos para piel y articulaciones, especialmente en formato hidrolizado. Pero muchos de esos estudios tienen ﬁnanciamiento de la industria y duraciones cortas. No es que no funcione; es que la evidencia no es tan contundente como el marketing.Antes de llenar el botiquín, mejorar la calidad de lo que comés cada día tiene más impacto que cualquier suplemento. Y si después de eso querés sumar algo, hacelo con un análisis en la mano y un profesional al lado.</p>IG : lic.anabellagemin]]>
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                <updated>2026-07-18T22:25:17+00:00</updated>
                <published>2026-05-10T02:16:57+00:00</published>
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            Nutrición: Leer etiquetas sin volverse loco: lo que nadie te enseñó en el supermercado
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/fZnKP8IhcmvVuQNVIUCJdiDDfYg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/05/nutricion_etiquetas_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;</p>Anabella Gemin - Lic. en nutrición MP C244<p>¿Cuántas veces agarraste un producto, miraste la etiqueta y lo dejaste de vuelta en la góndola porque no entendiste nada? O peor: lo pusiste en el carrito sin leer absolutamente nada, guiándote solo por lo que decía el frente del envase. Las dos son situaciones muy comunes, y ambas tienen solución.Aprender a leer etiquetas no requiere ser nutricionista. Requiere saber dónde mirar y qué ignorar.Primero: la lista de ingredientes. Es la parte más honesta del envase. Los ingredientes están ordenados de mayor a menor según su cantidad en el producto. Si el primer o segundo ingrediente es azúcar, jarabe de glucosa o alguna grasa vegetal hidrogenada, ya sabés bastante sobre la calidad de ese alimento. Regla práctica: cuanto más corta sea la lista y más reconocibles sean los nombres, mejor.</p><p>Segundo: los octógonos. Gracias a la Ley de Etiquetado Frontal vigente en Argentina, muchos productos ya llevan sellos negros que advierten exceso de azúcar, sodio, grasas saturadas o calorías. Son una alerta rápida y visual: a más octógonos, más señales de que ese producto conviene consumir con moderación. No lo prohíben, te informan.Tercero: el tamaño de la porción. Es la trampa más subestimada. Toda la información nutricional de la tabla se refiere a una porción, no al envase completo. Un paquete de galletitas puede declarar 80 calorías “por porción” cuando esa porción son apenas tres unidades. Si comés diez, hacé las cuentas.</p><p>¿Y las leyendas del frente? “Light”, “natural”, “sin azúcar agregada”, “integral”: no son garantía de nada. Un producto “light” puede ser bajo en grasas pero alto en azúcar. Uno “sin azúcar añadida” puede tener mucha azúcar propia. Siempre corroborá con la lista de ingredientes y la tabla nutricional, que son los datos que la industria está obligada a reportar con veracidad.No se trata de leer cada etiqueta durante diez minutos. Se trata de entrenar el ojo para detectar lo importante en segundos. Con práctica, se vuelve automático.</p><p>&nbsp;</p>IG : lic.anabellagemin]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/fZnKP8IhcmvVuQNVIUCJdiDDfYg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/05/nutricion_etiquetas_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Lic. Anabella Gemin – MP C244 Columna semanal de nutrición para QZ Noticias-]]>
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                                <category term="nutricion" label="Nutrición" />
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                <published>2026-05-03T11:00:00+00:00</published>
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            Nutrición: ¿Por qué comemos cuando no tenemos hambre?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Bc_XGVl_lcAeWpnxk4MmYCEM168=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/04/hambre_emocional_01.png" class="type:primaryImage" /></figure>Lic. Anabella Gemin MP 6244<p>Llegás a casa después de un día largo, abrís la heladera y te quedás mirando. No tenés hambre, lo sabés. Pero algo te empuja a buscar ese chocolate, esas galletitas, algo que te haga sentir mejor.¿Te pasó? A la mayoría nos pasa, y mucho más seguido de lo que creemos.Lo que ocurre en ese momento tiene nombre: hambre emocional. Y entenderla puede cambiar tu relación con la comida.El hambre real —la ﬁsiológica— aparece de forma gradual. Sentís un vacío en el estómago que va creciendo, y cualquier alimento te viene bien para calmarlo. Comés, te saciás, y listo. No hay culpa, no hay drama. Tu cuerpo necesitaba energía y vos se la diste.</p><p>El hambre emocional funciona distinto. Aparece de golpe, como un impulso. Necesitás algo especíﬁco: algo dulce, algo salado, algo crujiente. Y lo necesitás ya. No es el estómago el que habla, son las emociones: estrés, ansiedad, tristeza, aburrimiento o incluso una alegría desbordante. La comida se convierte en un regulador emocional, una forma rápida de tapar lo que sentimos.El problema es que después de comer por emoción, la saciedad no llega. Podés seguir comiendo sin registro de plenitud, y cuando ﬁnalmente parás, lo que aparece es culpa. Y esa culpa genera más malestar, que a su vez puede volver a disparar el ciclo.</p>Imagen creada con ia<p>¿Signiﬁca que está mal comer por placer o por emoción? Para nada. Compartir una pizza con amigos, disfrutar un postre en una celebración, eso también es parte de una alimentación saludable. El tema es cuando la comida se transforma en la única herramienta que tenemos para gestionar lo que nos pasa emocionalmente.</p><p>Algunas claves que pueden ayudarte: antes de abrir la heladera, preguntate qué estás sintiendo.¿Tenés hambre o estás tapando algo? Identiﬁcar la emoción ya es un paso enorme. Si no es hambre real, buscá una alternativa: salí a caminar, llamá a alguien, escribí lo que te pasa, respirá profundo. Y si sentís que esto te supera, buscar ayuda profesional no es un signo de debilidad, es una decisión inteligente.</p><p>No se trata de controlar, se trata de entender. Porque cuando entendés por qué comés, empezás a elegir mejor.</p><p>&nbsp;</p>IG : lic.anabellagemin<p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Bc_XGVl_lcAeWpnxk4MmYCEM168=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/04/hambre_emocional_01.png" class="type:primaryImage" /></figure>Por Lic. Anabella Gemin – MP 6244 Columna semanal de nutrición para QZNoticias]]>
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                <published>2026-04-26T03:06:30+00:00</published>
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            Nutrición: alimentación y sueño.La conexión que estás ignorando
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TnI2OJX4QBqyUypjD2Y6u-61ULI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/04/nutricion_alimentacion_y_sueno.png" class="type:primaryImage" /></figure>Lic. Anabella Gemin MP 6244<p>Hay algo que casi nadie menciona cuando habla de alimentación saludable: el sueño. Se habla de calorías, de porciones, de qué comer y qué evitar, pero rara vez alguien pregunta cómo dormiste. Y resulta que eso importa mucho más de lo que pensamos.</p><p>La relación entre el descanso y la comida es bidireccional: lo que comés afecta cómo dormís, y cómo dormís afecta lo que comés al día siguiente. No es una creencia popular, es biología.Cuando dormimos poco, el cuerpo altera el equilibrio de dos hormonas clave: la leptina —que indica saciedad— disminuye, y la grelina —que estimula el hambre— aumenta. El resultado concreto: más hambre, menos registro de plenitud, y una atracción casi irresistible hacia alimentos azucarados, grasos y ultraprocesados. Estudios experimentales conﬁrmaron que incluso una sola noche de mal descanso puede elevar los niveles de grelina al día siguiente.</p><p>Pero hay más. La falta de sueño también reduce la actividad en la corteza prefrontal, que es la zona del cerebro encargada del control de impulsos y la toma de decisiones. Dicho en simple: cuando estás cansado, te cuesta más elegir bien. No es falta de voluntad, es neurobiología.</p><p>¿Y qué pasa del otro lado? Cenar tarde, con porciones grandes o con alimentos muy grasos o azucarados, eleva la temperatura corporal durante la digestión, puede generar reﬂujo y diﬁculta la conciliación del sueño. Los especialistas recomiendan cenar al menos dos horas antes de acostarse y optar por cenas livianas.</p><p>En cuanto a alimentos que favorecen el descanso, aquellos ricos en triptófano —como el huevo, el pollo, el pescado, la avena o las nueces— contribuyen a la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño. Lo importante no es consumirlos únicamente en la cena, sino integrarlos a la alimentación diaria.</p><p>Alimentación, sueño y actividad física son tres pilares que se sostienen entre sí.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>IG : lic.anabellagemin]]>
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            Nutrición: Microbiota, tu segundo cerebro está en el intestino
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Q8isPFXvi6Cc_67CmsPz8gYGP8A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://qznoticiascdn.eleco.com.ar/media/2026/04/nutricion_microbiota.png" class="type:primaryImage" /></figure>Lic. Anabella Gemin MP 6244<p>Cuando algo nos pone nerviosos, el estómago lo siente antes que la cabeza. No es una metáfora: es biología. El intestino tiene alrededor de 200 millones de neuronas —más que la médula espinal— y se comunica de forma permanente y bidireccional con el cerebro. Por eso la ciencia lo llama el "segundo cerebro".</p><p>Dentro de ese intestino vive la microbiota: el conjunto de billones de microorganismos que habitan en nuestro aparato digestivo. Son bacterias, en su mayoría, y están en una relación de simbiosis con nuestro cuerpo: nos protegen, participan en la digestión, regulan el sistema inmune e incluso inﬂuyen en nuestro estado de ánimo.</p><p>¿Cómo hablan el intestino y el cerebro? A través del nervio vago, del sistema hormonal y de sustancias químicas que las propias bacterias producen, como la serotonina y el GABA, neurotransmisores directamente relacionados con el bienestar emocional y la reducción de la ansiedad. Cuando la microbiota está equilibrada, esta conversación ﬂuye. Cuando se desequilibra —lo que se llama disbiosis— pueden aparecer consecuencias tanto digestivas como emocionales.</p><p>Estudios recientes observaron que personas con depresión presentan con frecuencia alteraciones en la composición de su microbiota, con menor presencia de bacterias como Lactobacillus y Biﬁdobacterium. Aunque la causalidad aún se investiga, la relación entre microbiota y salud mental es hoy uno de los campos más activos de la ciencia.</p><p>¿Qué la afecta negativamente? El uso frecuente de antibióticos, la alimentación alta en ultraprocesados, el estrés crónico y el sedentarismo son factores documentados que alteran su composición.</p><p>¿Qué la favorece? Principalmente la ﬁbra, ya que al fermentarse en el intestino alimenta a las bacterias beneﬁciosas y genera ácidos grasos de cadena corta que protegen la mucosa intestinal. Los alimentos fermentados como el yogur, el keﬁr o el chucrut pueden sumar, aunque su impacto varía según cada persona. Los suplementos de probióticos, por su parte, tienen respaldo cientíﬁco en contextos especíﬁcos, pero no son una solución universal: antes de tomarlos, siempre es mejor consultar con un profesional.</p><p>&nbsp;</p>IG : lic.anabellagemin]]>
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